La postura del muerto: la rendición última

La Muerte un momento trascendental

Todas las tradiciones espirituales del planeta ven a la muerte como un momento de trascendencia mayúscula, sea como una oportunidad para liberar la conciencia, para regresar al paraíso en unión con la energía divina creadora o para integrar lo aprendido en la vida en preparación para el siguiente nivel evolutivo.

Hablando de la práctica de yoga, la postura del Muerto o Savasana que normalmente se realiza al closing de la sesión, es considerada no sólo la posición más importante, sino la más difícil de realizar. Sava en sánscrito significa cadáver y, como indica su nombre, la postura consiste en acostarse en el suelo, boca arriba, sin moverse.

Savasana representa la rendición completa, el abandono del cuerpo físico, de la mente twin: Si el cuerpo descansa completamente, dice el Maestro Dharma Mittra, existe la oportunidad de perder la conciencia del cuerpo para ir más allá de estos “agregados” y reconocer que hay una esencia más allá de ellos.

La Muerte y las tradiciones espirituales

Inicialmente la postura del cadáver tiene como objetivo relajar, restaurar e integrar los beneficios de la práctica previa, entrar en ese estado de rendición absoluta es justamente lo que sucede al morir.

Es el momento en el que nos rendimos por completo y dejamos todo y qué mejor que morir con una mente quieta para acceder a nuestra verdadera naturaleza y no a las ilusiones y creaciones de la mente.

De acuerdo con tradiciones espirituales como la hinduista o la budista, “en el instante de la muerte, cada ser revela su verdadero estado de consciencia, el cual sencillamente está basado en el tipo de vida que haya llevado y el tipo de pensamientos que haya alimentado durante la misma”.

El Yoga y la transformación del ser

Como explica la yoguini Cris Aramburo, la práctica de yoga, no importa el estilo que se siga, intenta unir lo físico con lo psicológico, lo externo con lo interno y en ese camino la práctica invita a desprenderse, dejar ir y soltar todo aquello que hemos ido construyendo y con lo que nos hemos ido identificando, entendiendo que la realidad es otra: Una que siempre está ahí, una que nunca cambia, una que no nos separa sino que nos une.

La práctica de yoga es esencialmente la transformación del ser, y ese proceso ocurre con una serie de pequeñas muertes. La muerte de los prejuicios, la muerte de lo preconcebido, la muerte del yo, la muerte del miedo, la muerte de la separación. Y así, cada día que pasa, en nuestra vida, vamos muriendo, re-naciendo y evolucionando todo el tiempo”.

(Con información de milenio.com)

marien@caminoamarillo.web

@marien_camino7

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